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24 octubre, 2016

Que no decaiga




La Octava de Bruckner es una de las sinfonías más exigentes que puede afrontar una orquesta. Requiere de ésta una gran calidad en todas sus secciones, de forma que el equilibrio sonoro no se pierda en el ordenado laberinto de sus muchas exposiciones, transiciones, clímax y pausas entre secciones. Es lo que se suele llamar una obra de largo aliento, que precisa que el inmenso edificio de su construcción no se vea tapado por sus mil y un detalles sonoros. Es decir, que la tensión expresiva no decaiga a lo largo de su larga duración

De no lograrse esto, algo especialmente necesario y especialmente difícil en sus silencios y sus momentos de mayor recogimiento, se corre el peligro de convertirla en la mera yuxtaposición de infinidad de motivos, temas y situaciones. Lo que un notable crítico español consideraba en los años sesenta que eran las sinfonías del piadoso compositor austriaco.

Entonces y sólo entonces, las pausas entre sus secciones corren el peligro de convertirse en verdaderos interruptores de la atención del oyente y de la concentración de los músicos. Algo que tantas veces hemos escuchado (y sufrido) por estos pagos, en vez de ser las recargas de energía expresiva necesarias ante el enorme esfuerzo físico y emocional que supone su interpretación para músicos y director.

Sólo para tomar fuerza
A Leif Segerstam se le recuerda por su extraordinaria y personalísima versión de Eschejerezada hace dos temporadas con la Sinfónica, cuya grabación ha roto moldes en Internet por su final dramatizado por director y músicos con gritos. El viernes en A Coruña –y el día anterior en el flamante Auditorio de Ferrol, para la temporada de conciertos de la Filarmónica Ferrolana- no cayó en os defectos arriba mencionados.

Leif Segerstam dirigiendo a la OSG en Eschejerezada |Fotograma del vídeo de The Violin Channel


Muy al contrario, la fuerza interior de la magna obra bruckneriana se mantuvo a lo largo de casi toda su gran duración (dejo para el amigo psanquin la medida exacta de esta versión y la comparación con los distintos registros discográficos). Y no sólo por su gran dominio de la dinámica, que resultó de muy amplio rango, con los fuertes contrastes y la fina gradación requerida por la partitura.  Algo que no es contradictorio, aunque hubo y hay versiones en las que podría parecerlo.

Sólo decayó algo en el precioso y largo Adagio, en el que la última parte de la indicación feirelich langsam; doch nicht schleppend (ceremoniosamente lento; pero no deprimido) pudo fallar para parte del auditorio. Quizás fuera ésta la razón de que a muchos aficionados se les hiciera algo larga; muy larga para bastantes; e incluso interminable para algunos que así lo confesaban a la salida del concierto. Pero fue una versión que en lo expresivo aunó poderío y sensibilidad y en la que todos y cada uno de los solistas y secciones lucieron su gran calidad técnica y artística.

Sólo por destacar algo, la musicalidad de chelos y violas en el tema conjunto del primer movimiento y la brillantez y sutileza de la sección de trompas (reforzada hasta ocho efectivos por por exigencia de la partitura) y tubas Wagner ya dieron muestra de ello desde el primer movimiento. Absolutamente todos los solistas que intevinieron a lo largo de la obra lo confirmaron. Brillantes los metales: su calidad, la escritura de Bruckner y la sabia musicalidad de Segerstam los hicieron sonar redondos o incisivos según lo requerido, sin ese tufillo a órgano que tantas veces malogra la música del austriaco, tan vapuleado en tantos momentos y por tanta gente.

Timorato y previsor
Anton Bruckner 
Y es que el carácter de Bruckner, al que siempre se le ha achacado su rusticidad, era bastante más complejo de lo que se suele decir. Por una parte era retraído y tímido, lo que le hacía demasiado dócil ante la opinión ajena. Pero también era muy desconfiado sobre los motivos de tantos “amigos” y colegas, críticos con su obra y llenos de esas buenas intenciones de las que dicen que está empedrado el infierno. 

Esto le hizo ser precavido ante las críticas; y aunque siguió los consejos de revisión de sus obras, guardó los manuscritos originales “para tiempos futuros, gracias a lo cual podemos escuchar sus obras tal como él las escribió de primera intención.

Pero su afán de agradar hizo que su obra sufrierala trayectoria más disparatada jamás seguida por todo un corpus sinfónico. La de la Octava está recogida por José Luis Pérez de Arteaga en sus más que acertadas notas al programa de este concierto. Sólo como un pequeño resumen, me permito añadir el inventario “definitivo, por ahora” de sus sinfonías.

Sinfonía nº 1, cuatro versiones distintas; nº 2, tres; nº 3, seis; nº 4, cinco; nº 5, tres; nº 6, tres; nº 7, tres; nº 8, cuatro; nº 9 (inacabada), tres. A las que hay que añadir dos sinfonías fuera de esta numeraciónla Sinfonía 00, Estudio, y la 0 Nüllte. Un total de treinta y cinco versiones contando redacciones iniciales y revisiones propias y ajenas. Para volverse loco.

22.10.2016, Palacio de la Ópera, A Coruña. Orquesta Sinfónica de Galicia, director Leif Segerstam. Programa: Anton Bruckner, Sinfonía nº 8 en do menor (versión de 1890, edición Nowack)

23 diciembre, 2015

"La fiesta de...”




Este “finde” se juntaron dos “fiestas de”: el viernes 19, “la fiesta de la música”. Que eso es, para muchos clientes de la eléctrica predominante en Galicia, el Concierto de Navidad que la Orquesta Sinfónica de Galicia celebra desde hace veinte años. Y desde la mañana del domingo, lo que los políticos amantes del tópico más manido y ramplón (y tantos periodistas faltos de recursos) llaman “la fiesta de la democracia”: las elecciones generales.

Son dos eventos con asistencia variable en cantidad e intención: unos van porque están convencidos de que es su deber moral; otros, porque no pueden vivir sin participar; los hay, incluso, que asisten porque es gratis y algunos, en fin, porque a algún sitio hay que ir y esto es lo que hacemos un viernes de diciembre todos los años. O un domingo cada cuatro. Esto último aproximadamente, claro; que esto de las elecciones es lo que en el calendario litúrgico se llamaba tradicionalmente “fiesta variable”.


Feliz Navidad
Sincero deseo o mera fórmula de cortesía, es la frase que más se intercambia a partir de mediados de diciembre. Así lo hacían quienes se encontraban con amigos y conocidos en el vestíbulo del Palacio de la Ópera el viernes 19 de diciembre, a la entrada del Concierto de Navidad. Sus gestos apenas permitían conocer la verdadera naturaleza de los “sentimientos-raíz” de la frase (caso de haberlos). En el descanso del concierto, unos culines de cava y unas chocolatinas, obsequio de la empresa patrocinadora, terminaron de “alegrar-relajar” los gestos y de “acentuar-acrecentar” las expresiones orales.

Concierto de Navidad de la OSG  /  Foto XURXO LOBATO
Prima, la musica,,, [1]
Porque en estos actos incluso hay música, mire usted. En la primera parte del concierto, Mozart: una Sinfonía nº 40 de libro para guardar mucho tiempo en el recuerdo por su “mozartianidad” [2]. Con todo el contraste -casi se podría decir con toda la contradicción- entre dialéctica y forma; entre cuerpo y vestimenta de esta obra maestra; entre la facilidad de asimilación auditiva y la dificultad de expresar idóneamente su magnífica expresión de seriedad y el rompimiento de esquemas que tradicionalmente se le ha atribuido a la tonalidad de sol menor.

La versión de Slobodeniouk al frente de la Sinfónica acertó con plenitud en el corazón mismo de la obra: la profundidad de concepto y gracia melódica en el Molto allegro; un Andante en el que las líneas contrapuntísticas irradiaron en un tempo bien lento pero absolutamente cargado de tensión expresiva; la inaudita fuerza de su minueto y el diálogo entre cuerdas, maderas y trompas en el Trio . Y la enorme emotividad expresada en el Allegro assai final; especialmente, como en el Molto allegro inicial, en la profundidad que extrajo de sus modulaciones.

Por supuesto, hubo aplausos entre movimientos [3]; son tan habituales en estos conciertos “fiesta de” que resultan hasta entrañables de puro esperados. En este caso tardaron algo en aparecer pero, a cambio, fueron más sonoros de lo habitual: un poco más largos entre segundo y tercer movimientos y menos entre tercero y cuarto. Al final de éste  (o sea, de la sinfonía), también se aplaudió con fuerza. Es lo que tienen las leyes del movimiento (y de la inercia, claro).

,,,poi, l’amore
El de Tristán e Isolda acaba mal, pero eso no es nada original en el mundo de la ópera. Porque enamorarse, casarse, comprarse un piso, llevarse bien [4], tener hijos (la parejita, a ser posible) y llevar una vida tranquila con un buen sueldo y plan de pensiones pagado por la empresa no tiene ningún interés dramático. Y quizás tampoco musical; pero en el caso de estos chicos no es que acabe mal, como casi todos en el género; es que se ve venir desde el minuto cero. Porque lo suyo es que empieza raro, muy raro, desde el célebre “acorde de Tristán”, que a quién se le ocurre tamaño rompimiento inicial de la armonía, don Ricardo.

Richard Wagner
Pues a un genio, diría yo. Pocas veces en la historia del teatro se ha lanzado al espectador, para que se active, una llamada de atención tan eficaz sobre lo que va a suceder en escena. Y así, en vez de ver y oír, mire y escuche. Ese “fa – si – re# - sol #”. Sin entrar en grandes profundidades, los diferentes análisis armónicos de ese acorde [5] le dan dos funciones. En realidad, en la apreciación al oído pueden influir las dos simultáneamente, lo que confiere al acorde un carácter mucho más tenso que cualquiera de ambas por separado [6]. Es así como Wagner comienza a desarrollar un drama cuyo final es la muerte de Isolda, no por esperada menos emotiva. Un desenlace que Javier Vizoso describe brillantemente [7] y al que Slobodeniouk llegó en este Concierto de Navidad como colofón de una soberbia versión en la que todas las tensiones expresivas y artísticas -los placeres y dolores de la partitura- quedaron brillantemente plasmadas en sonido.

,,,los amoríos
Escritos por otro Richard, Strauss. Tratan sobre los de Don Juan, naturalmente
Richard Strauss, joven
(en el caso de que lo de el burlador sevillano tuviera algo de natural. El mito de Don Juan, tratado desde tiempo atrás como tema operístico y teatral, fue utilizado por Strauss como sujeto de su tercer poema sinfónico en la época de su idilio, luego fracasado, con Dora Wihan-Weis, esposa de su amigo el chelista Hanus Wihan. El contraste entre masas orquestales y solos instrumentales característico del poema fue abordado en una versión de gran brillantez por Slobodeniouk y la OSG. Los solos de oboe de Casey Hill, de violín de Massimo Spadano y el grupo de trompas fueron realmente soberbios.

Y, al final, palmas a compás
Al de la Marcha Radetzky,  faltaría más. Que su inspiración radique en las hazañas represivas y sangrientas  de un generalote [8] importa bien poco al respetable. Porque, con los años, la célebre marcha (de una calidad y eficacia innegables) se ha hecho imprescindible como fin de fiesta en estos conciertos “solsticiales-navideños” y a ver quién es el guapo que se atreve a finalizar un concierto de éstos sin tocarla como propina final. O inicial, que ésa es otra. Maestro, profesores de la Sinfónica y público palmero hicieron una buena versión (qué bien dirige Slobodeniouk, también al público) que acabó con grandes aplausos del respetable (más fuertes que en el resto del concierto, como era de esperar).

Estatua ecuestre del mariscal Radetzky

El caso es que los profesionales la habían preparado como única pero los aficionados y/o simples asistentes a estos conciertos son ávidos de propinas como nadie, especialmente cuando se sienten partícipes activos. Con lo que, tras una primera ejecución de la obra, los gritos o más bien susurros de “otra, otra” y aplausos fuertes y crecientes (que había que ganarse la segunda propina), Slobodeniouk hubo de salir e improvisar una segunda ejecución de la marcha. Nuevamente, la orquesta fue acompañada por las entusiásticas palmas del personal asistent, acabando así esta “fiesta de”, no sin cierta decepción de los espectadores.

Y, como en el estrambote del célebre soneto de Cervantes, Slobodeniouk
“luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada
miró al soslayo, fuese y no hubo nada” [9].

Con toda sinceridad y la mejor disposición os deseo a todos una Navidad muy alegre y feliz y que 2016 venga, al menos, tan cargado de buena música como transcurrió este ya anciano 2015.




[1] No es un error tipográfico sino un atrevimiento. Y sí: son comas suspensivas, que no existen, “mais habelas, hainas”.
[2] Perdonadme el uso de tantos palabros en este texto; pero es que estamos en época de fiestas y uno necesita relajarse. Y la verdad es que estas expresiones (¿presiones hacia fuera?) me vienen como anillo al dedo para rebajar tensiones interiores ironizando sobre términos y comportamientos. O para describir sensaciones más relajadamente y por yuxtaposición.
[3] La verdad es que estos aplausos eran lo habitual hasta la sacralización del autor y de la obra como unidad intelectual indivisible (ay, todo lo que sacralizaron el puñetero sordo de Bonn y los exégetas de su leyenda). ¿Habrá que volver a esos aplausos “interiores” tratando de restar rigidez al ritual de los conciertos sinfónicos? Pues,  sinceramente, no lo sé.
Quizás la respuesta sea “Por qué no, si se cambian los usos habituales”, lo que viene a ser algo así como las reglas del juego. ¿pero habrá que hacerlo por consenso, por “invasión”, por dictamen? Esto me recuerda lo de la otra “fiesta de” de ese fin de semana, con los proyectos de cambios institucionales de bastantes políticos, que no parecen ponerse de acuerdo ni en el qué ni en el cómo.
Y ¿qué hacer mientras? ¿Fulminar con mirada “digna-cauterizante” al “invasor”? ¿Mirar con sonrisa “condescendiente-conmiserativa” al “pauvre-parvenu”? ¿dirigir los expertos sus entendidos ojos hacia la apagada pantalla de los sobretítulos operísticos como quien no se da por enterado? Pues la verdad es que no lo sé; el tiempo lo dirá.
[4] Este abuso de la forma reflexiva de los verbos me viene dado: la vida irreflexiva es infinitamente mejor como material dramático.
[5] Dependiendo de las apreciaciones sobre cuáles son las notas reales, el acorde tiene función de dominante o de subdominante.
[6] Desde la época del Barroco, el sistema tonal se ha venido basando en el uso de la tensión-distensión producida por la sucesión de diversos acordes: el de tónica como centro de reposo y de la dominante como principal foco de tensión. En Tristán e Isolda, Wagner abandona en cierta forma esta especie de sistema solar doble que podríamos comparar a una elipse, para adentrarnos en otro “multiestelar” con el uso de múltiples focos de atracción que nos alejan del acorde de tónica de forma brillantemente descrita por J. Vizoso en la siguiente nota al pie de este texto.
[7] “...los amantes liberan por fin su amor con la muerte y transfiguración de Isolda ante el cadáver de nuestro Tristán, por medio de un intenso orgasmo tras el que por fin descansará toda la orquesta, y también nosotros,- sobre un acorde de tónica que Wagner nos hurta constantemente durante todo el drama”. (Instrucciones para tropezarse a Vivaldi y otros ensayos. Pág. 79. Edit. Diferente, A Coruña. ISBN: 978-84-613-7805-0).
[8] La marcha fue compuesta  por Johann Strauss padre, en honor al mariscal de campo austríaco Joseph Wenzel Radetzky que aplastó la revuelta del norte de Italia en 1848-49. Cuando Radetzky hizo lo mismo contra el movimiento revolucionario austriaco, la marcha pasó de himno nacionalista a símbolo reaccionario.
[9] Bueno, no hubo nada más en el escenario. Fuera de élse pudo ver a los vigilantes de seguridad y la larga ristra de coches oficiales (hasta 7 grandes sedanes negros y una berlina más clara, todos aparcados en la prohibidísima acera del Palacio de la Ópera)  de los personajes políticos y financieros que hacen acto de presencia en esta “fiesta de” y que rara vez aparecen en los conciertos de abono. Claro que a éstos no se acude como a la “fiesta de” la música. Sólo a escucharla y gozarla. Pero eso es sólo cultura y, claro, viste menos.

14 diciembre, 2015

Un pacto con...





Sólo un breve comentario a los conciertos de este fin de semana de la Orquesta
Jesús López Cobos, la plenitud de un maestro
Foto Pablo Rodríguez, cedida por OSG
Sinfónica de Galicia, tras la
crítica ya publicada en la edición electrónica de El País. Decía en ella “Parece que el maratón beethoveniano de 2013 de López Cobos, cuando dirigió las nueve sinfonías del de Bonn en un solo día en el Auditorio nacinal de Madrid, le hubiera insuflado nuevas energías”.  A la vista de cómo se desarrolló el concierto del sábado, hay que reafirmarse en la idea.

Y uno se pregunta si tan renovada energía proviene de una mejoría en la salud, como todos le deseamos, o es que el maestro ha hecho un pacto con Orfeo o directamente con Beethoven, como le comenté personalmente a la salida del concierto. Porque su Cuarta de esta semana en A Coruña ha sido realmente antológica. Ojalá tengamos la suerte de contar con su presencia al frente de la Sinfónica durante muchos, muchos años más.

Aquí os dejo un par de fotos de dos maestros (Claudia Walker y José Belmonte) en permanente busca  la belleza, también a través del color.

Claudia Walker y su flauta "mixta"
Foto Pablo Rodríguez, cedida por OSG


José Belmonte, al timbal barroco y sus baquetas
Foto Pablo Rodríguez, cedida por OSG

20 octubre, 2015

Un programa para sentir






Segundo concierto de abono de la temporada 2014-15 de la Sinfónica de Galicia y otra demostración palmaria de la calidad de esta orquesta, en un programa de estructura (sólo aparentemente) clásica. Las tres obras que lo componían -de épocas y estilos tan diferentes y alejados como los Tres interludios para orquesta de Benet Casablancas, el Concierto nº 4 para piano de Beethoven y la Metamorfosis de Richard Strauss- fueron piedra de toque para comprobar su “ley”. Una nueva ocasión que tuvimos los melómanos de A Coruña para sentir bien dentro la música.

Benet Casablancas.  Foto de Xurxo Lobato cedida por la OSG
La obra de Casablancas viene avalada por la solidez técnica e intelectual de su autor: compositor y filósofo, tiene a sus espaldas una sólida carrera como compositor e investigador. Tres interludios para orquesta responde a la intención de refinada brevedad que sugiere su título, la característica calidad tímbrica demostrada por su autor y su capacidad de sugerencia de ambientes. Ésta se muestra en toda su variedad a lo largo de sus tres breves movimientos con ese delicioso aroma de taller artesanal que se desprende de su música.

Preparando el pasaporte
Javier Perianes es uno de los valores más seguros del actual panorama pianístico español. No es de extrañar, pues, que haya sido elegido por la OSG como compañero de viaje para su gira de enero para participar en el Festival Internacional de Música de Abu Dabi. Y, como para los viajes conviene tenerlo todo preparado con tiempo, nada mejor en este inicio de temporada que tener a mano -y “en las manos”- el pasaporte con que se van a presentar solista, director y orquesta. Un pasaporte tan contrastado como el que tantos pianistas consideran el mejor concierto escrito por Beethoven para su instrumento.

Desde los acordes iniciales del solista y la correspondiente contestación de la orquesta, sonó ese Beethoven claro e incisivo a que ya deberíamos habernos acostumbrado por las ediciones críticas de su obra. Lejos quedan pues la pesantez y oropeles de falsa trascendencia que la costumbre de casi tres siglos había adherido entre su música y nuestros oídos.

Perianes durante el concierto Foto de Xurxo Lobato cedida por la OSG 

El formidable legato de Perianes y la gran fuerza interior de su interpretación caracterizaron su versión del concierto. La cadenza del primer movimiento sonó muy beethoveniana por fuerza y armonía; el dramatismo del Andante con moto, patente desde su introducción orquestal, alcanzó un alto nivel en manos del pianista onubense; el Rondó tuvo momentos de rara viveza y un sonido entre mágico y onírico, para terminar en pura energía. La Serenata andaluza que regaló correspondiendo a la fuerte ovación mostró su validez como pasaporte español desde el más refinado sonido de veladuras impresionistas que el compositor gaditano se trajo de su París iniciático. Una verdadera joya bien lucida en las manos de Perianes.

23 solistas
La Metamorfosis de Strauss es generalmente considerada como su dolorido y amargo adiós a la composición. En este campo y frente a la opinión de Adorno “En la historia del Arte, las obras tardías son catástrofe”, me quedo con la idea de Norman del Mar, cuando considera que “El cansancio de la vejez ante la presencia de la muerte inminente y bienvenida no es, en realidad, algo triste, sino mucho mas profundo. Es la prerrogativa del gran arte que suscita emociones indescriptibles que pueden desgarrarnos”.

Porque, si se llega a su tuétano, esta Metamorfosis no es realmente una obra triste sino elegíaca. Esto, en el sentido que se le daba en la Grecia y la Roma clásicas, cuando el “verso elegíaco”, que alternaba un verso pentámero y otro hexámero, se asociaba a la expresión de sentimientos, como en la poesía amorosa y erótica. Y es ahí donde encaja a mi modo de ver la composición de esta obra maestra como estudio sinfónico: una proyección anímica de la relación de Strauss con su Munich natal y lo que esta ciudad significó a lo largo de su vida.

Slobodeniouk y los 23 solistas Foto de Xurxo Lobato cedida por la OSG 

Un canto de amor en el que surgen a modo de “flash-back” temas bien luminosos, seguramente  representativos de un pasado más feliz, en los cantos individuales, a dúo y en mínimos grupos confiados a los veintitrés solistas. Pasajes en los que los profesores de la OSG elegidos para la ocasión mostraron los excelentes juncos con los que se construye día a día esta gran cesta que es la Sinfónica de Galicia.

Foto de Xurxo Lobato cedida por la OSG 
El cierre de la obra comienza con una amplia cesura y un seco ataque de conjunto en forte. Luego parece entreverse un cierto homenaje al Adagio de Albinoni  al que un cambio a un ritmo más punteado dramatiza (sobre todo en el sentido de expresión escénica, teatral) adecuadamente según la intención del autor.  

La oscura culminación es el canto por la cuerda baja del motivo inicial de la Marcha fúnebre de la Heroica de Beethoven y ese misterioso In memoriam anotado en la partitura por Strauss. En la concertación de todos y cada uno de los solista y en el gran sentimiento que rezumaban los tutti mostró Slobodeniouk sus grandes cualidades como director. El final del concierto del sábado fue recibido con una larga, cálida y bien merecida ovación.

08 octubre, 2015

Con fuerza e ilusión





La Orquesta Sinfónica de Galicia afronta la próxima temporada con el empuje de la excelencia artística, el vigor de sus proyectos y el apoyo de su público. Como destacó su gerente, Andrés Lacasa, “la temporada pasada se cerró con 38.000 entradas sueltas vendidas, en ésta son alrededor de 1.700 los abonados inscritos en los ciclos de viernes y sábado y es líder en You Tube", con más de 1.200.000 visitas a su canal. Un nuevo tipo de público, extendido por todo el mundo pero bien cercano en el aprecio de la calidad, fruto, sin duda, de la mucha de sus transmisiones en “streaming” y de la de sus conciertos grabados.

A ello se suman “más de 50.000 personas que han participado en los proyecctos didácticos de la Sinfónica”, agrupados como Son Futuro y  “los actuales 80 aficionados inscritos como Amigos de la Sinfónica”,  que aportan su apoyo moral y material a la orquesta y sus actividades y que provienen no sólo de Galicia sino de “otros lugares, como la Comunidad Valenciana”, según manifestaba este verano el propio Lacasa.

En pos de la excelencia

Como cimiento de todo el edificio se halla su continua búsqueda de la excelencia; la Orquesta Sinfónica de Galicia está considerada como la mejor orquesta de España por la mayoría de la crítica española y de los grandes directores y solistas invitados. Es significativa la frase del fallecido Lorin Maazel sobre la OSG cuando vino a dirigir por segunda vez la Sinfónica: “He elegido La Coruña porque mantiene un magnífico conjunto orquestal, insuperable en España y competitivo con los mejores de Europa”

Todo lo anterior cuenta a la hora de afrontar con energía y optimismo la difícil situación creada por el modificativo de crédito que anunció este verano el Ayuntamiento de A Coruña y que en palabras de Lacasa hace que la OSG esté “viviendo una transición complicada que previsiblemente se solucionará en 2016; así lo han dicho públicamente todos los partidos políticos e instituciones”.


Dima Slobodeniouk y la Orquesta Sinfónica de Galicia

La Sinfónica inaugura su temporada de abono los próximos viernes y sábado con dos conciertos sinfónico-corales. Con ella actuarán las voces femeninas del Coro de la OSG, que dirige Joan Company, y el Coro de  Niños, que prepara José Luis Vázquez. Bajo la batuta de su titular, Dima Slobodeniouk, y con la contralto Ewa Podless como solista, estos tres conjuntos de la OSG interpretarán la monumental Sinfonía nº 3 de Gustav Mahler.

Es un arranque lleno de fuerza para una fuerte temporada. En la rueda de prensa celebrada este miércoles, Andrés Lacasa resaltó la importantísima participación de la labor del Coro de la OSG en esta temporada. Tras su reciente dirigida por Tom Koopman en La Pasión según san Mateo de Bach, esta temporada trerá de la mano nuevos desafíos para las voces que dirige Joan Company: el primero, la interpretación del gran oratorio de Haydn La Creación, en el que será dirigido por el gran especialista del clasicismo Richard Egarr.

Casi cerrando la temporada 1016-16, el Coro de la OSG afrontará otro reto aún mayor: será nada menos que el Requiem de Verdi. Una partitura que Dima Slobodeniouk distinguió como “la obra” entre todas las obras sinfónico-corales y que no todos los coros están en condiciones de interpretar. Joan Company, su director desde su fundación en 1998, destacó en este sentido cómo “ya hace varias temporadas que el coro actúa sin los refuerzos que requirió en sus inicios” cuando lo hacía conjuntamente con otras entidades como la Coral Universitat de les Illes Balears, el Coro de la Comunidad de Madrid o el Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana.

Coro de la OSG

Ampliación de capital

La calidad y preparación de las voces del Coro de la OSG viene aumentando patentemente desde hace tiempo Pero para cantar esta obra maestra verdiana no es suficiente la calidad de sus voces, que en el Coro de la OSG ha ido aumentando notablemente los últimos años. Tambien se requiere masa sonora capaz de proyectarse junto a –e incluso por encima de- la colosal dinámica de la orquesta verdiana en el Requiem. Como aclaró Lacasa, “no se trata de un concierto participativo” sino que se lanza una campaña de captación de un máximo de sesenta nuevas voces de toda Galicia.

Es decir, no es lo que podríamos llamar un préstamo de voces a corto plazo sino una verdadera ampliación de capital vocal. Para ello se cuenta con el aumento de coros que se ha dado en toda la Comunidad y con el hecho, que resaltó Company, de que “algunos de esos coros están compuestos en parte e incluso dirigidos por personas que pasaron por el Coro de la OSG”.

Durante la próxima temporada, la Sinfónica completará el ciclo de sinfonías de Sibelius con sus dos últimas sinfonías —Sinfonía nº 6 y Sinfonía nº 7—, algunos de sus poemas sinfónicos y el Concierto para violín. Pero lo más destacable es la música de Gustav Mahler y Richard Strauss, en los que está centrada la programación. Y así, Mahler cerrará la temporada con su Sinfonía nº 5 y   Strauss estará presente con obras tan significativas como Así habló Zaratustra, su Concierto para trompa nº 2 y la Metamorfosis para 23 instrumentos de cuerda, además de la ópera Salomé en versión concierto, que dirigirá Eliahu Inbal dentro de la Temporada Lírica de la OSG y Amigos de la Ópera de A Coruña.

La temporada se completa con un ciclo dedicado a Haydn (el citado oratorio La Creación, tres de sus sinfonías de Londres -93, 95 y 96- y su Concierto para violonchelo en do menor.  Autores desde Carl Ph. Emanuel Bach a Stravinski, completarán la programación junto a Mozart, Beethoven, Schumann, Brahms, Shostakóvich y Falla, entre otros. el Concierto para vilonchelo de Magnus Lindberg y 

07 julio, 2015

Principios





Ayer fue el aniversario de Joaquín Rodrigo, un inmortal. Porque el Maestro Rodrigo, como todo el mundo le llamaba, era de 'esas personas que no se entierran; se siembran’.

Para  recordarlo, reproduzco aquí el homenaje que le rendí en un viejo precedente de este blog.


Joaquín Rodrigo (1901 - 99)


Principios de los sesenta. Yo comenzaba el estudio de  la guitarra y era iniciado por mi maestro en la audición de los recitales que aquella entrañable Sociedad Guitarrística Madrileña organizaba en el salón de actos del  Ateneo de Madrid.

Los hermanos Lloret, mis  entonces vecinos  y siempre queridos amigos, tenían por aquellos años  varios tesoros. Los más destacables eran: un padre aficionado a la música,  su maravillosa colección de discos "microsurco" -lo último, el no va más, el mayor adelanto en la reproducción de sonido-  y un tocadiscos en el que se hacía viva la más increíble música que nunca había oído.

Eran mis principios como auditor de música sinfónica. Beethoven,  Mozart, Rimsky, Tchaikovsky [i], sinfonías, fragmentos... y El Disco:

La Orquesta Nacional, Ataúlfo Argenta, Gonzalo Soriano, Narciso Yepes, Noches en los Jardines de España...

Y el Concierto de Aranjuez. El bien supremo de la colección, la música mágica, la que enajenaba, la que hechizaba, la que me hacía practicar después con mi instrumento durante horas y horas buscando mecanismo, sonido, expresión, música.

Casi cuarenta años  y muchísimos discos después -entre ellos otras diez versiones del Aranjuez- lo encuentro, ¡por fin! editado en  compacto  y con una de las  primeras cubiertas con que lo conocí, la de las rosas. Hoy es, otra vez, el tesoro de mi colección de discos.

También eran por entonces los comienzos de la televisión en España. En un telediario, entrevistaron al guitarrista Narciso Yepes, que  anunció su actuación en el Monumental, en un concierto benéfico, el domingo siguiente por la mañana.

Con él la Nacional dirigida por Odón Alonso. El programa, Intermedio de Goyescas, de Granados, el Concierto de Aranjuez, y la Quinta Sinfonía de Beethoven.


Narciso Yepes (1927 - 97)

Fue mi primer concierto sinfónico. Tras ése, años de Monumental y Real, Palacio de Congresos-Auditorio [ii] Rosalía y Colón de la Coruña, tantos conciertos, obras, autores... Pero tengo en un nivel diferente   aquéllos que son mis principios; no sólo cronológicos, sino también estéticos y, de alguna manera, casi éticos.

Hoy he oído decir que se ha muerto Joaquín Rodrigo. Valiente tontería. ¿Acaso pueden morir los principios?




[i] En 2001 no hacía transliteración, como manda la santa madre RAE.
[ii] Ése era entonces el nombre del actual Palacio de la Ópera.