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06 octubre, 2023

Entre Europa y América

 




Dos conciertos a celebrar en el Palacio de la Ópera de A Coruña marcarán el punto de partida de la temporada 2023-2034 de la Orquesta Sinfónica de Galicia. El primero se celebra este viernes 6 de octubre, teniendo lugar el segundo el sábado 7. En ambos conciertos, que comenzarán a las 20.00 horas, la orquesta será dirigida por  su nuevo director titular, Roberto González-Monjas, y actuará como solista de violín Clara Jumi-Kang. 



Orquesta Sinfónica de Galicia Foto OSG


El programa de estos dos conciertos se iniciará con Eleven gates, obra del compositor sueco Anders Hillborg, autor de música sinfónica, coral, de cámara, cinematográfica y popular. De su música dijo Esa-Pekka Salonen, que dirigió el estreno de la obra con la Filarmónica de Los Ángeles en 2006, que en ella se contrastan "lo estático y lo hiperactivo, lo mecánico y lo humano, lo noblemente bello y lo banalmente brutal, lo cómico y lo conmovedor… Casi nunca es sentimental, pero es surrealista en cierto modo, como los Relojes Blandos de Dalí”.

Eleven gates, que la OSG estrena en España, se caracteriza por una notable variedad rítmica y gran riqueza tímbrica, está estructurada en once secciones separadas o no por un breve silencio y es un encargo de la Filarmónica de Los Ángeles, que lo estrenó, dirigida por Salonen, en el Walt Disney Concert Hall el 4 de mayo de 2006.



Clara Jumi-Kang  


Tras Eleven gates Clara Jumi-Kang, nacida en Alemania de familia de músicos y ganadora del Concurso Internacional de Violín de Indianápolis en 2010, tras sus éxitos en el Concurso de Violín de Seúl (2009) y el Concurso de Violín de Sendai (2010), que interpretará el Concierto para violín y orquesta de Jan Sibelius. El compositor finlandés quiso ser violinista y tras su fracaso como tal, su Concierto en re menor, op. 47 parece ser una materialización de sus ensoñaciones de una carrera como intérprete, respondiendo a aquellos deseos y proyectos frustrados.



Roberto González-Monjas  Foto OSG (C) Marco Brogreve 


Tras el descanso, La Sinfónica y su titular abordarán la interpretación de la Sinfonía nº 9 en mi menor, op.95, “Desde el Nuevo Mundo”. Es la obra más conocida del compositor bohemio y fue escrita durante su etapa como director del Conservatorio de Nueva York. La sinfonía está llena de melodías fáciles de reconocer; de esas que el público sale tarareando al final del concierto y su estreno por la Filarmónoca de Nueva York el 16 de diciembre de 1893 fue un clamoroso éxito. Gracias a este y a su pronta edición, las orquestas europeas la adoptaron pronto como cosa propia, obteniendo una gran popularidad que desde entonces no ha terminado de crecer.

 

25 enero, 2023

Vivencias. Retornos

 




A Coruña, viernes 20 de enero, Orquesta Sinfónica de Galicia. Programa: Píotr Ílich Chaikovski, Concierto para violín y orquesta en re mayor, op 35; Dmitri Shostakóvich, Sinfonía nº 5 en re menor, op. 47. Bomsori Kim, violín. Víctor Pablo Pérez, director


 El programa del viernes 20 estaba compuesto por dos obras que reflejan las vivencias de sus autores en la época de su respectiva creación. Chaikovski vive relajado por su relación platónica epistolar con la viuda Nadezhda von Meck. El fracaso de su matrimonio con Antonina Milyukova como camuflaje de su condición sexual y su consiguiente intento de suicidio quedan atrás y su música, tan serena como brillante, lo refleja. Shostakóvich por su parte vive el infierno de su relación con las autoridades soviéticas tras la prohibición de su e Lady Macbeth del distrito de Mzensk, como demuestra la aceptación del humillante subtítulo de esta Quinta como “Respuesta de un artista soviético a una justa crítica”.



Dmitri Shostakóvich


La vuelta de Víctor Pablo Pérez (Burgos, 1954) al podio de la Orquesta Sinfónica de Galicia es siempre precedida por una notable expectación entre abonados y músicos de la orquesta. El recuerdo de la formación de esta y de la amplitud y solidez del proyecto que dejó nunca se olvidará -nunca debería olvidarse- en la ciudad y en toda Galicia. No lo olvidaron los asistentes al concierto y así lo dejaron patente con sus aplausos.

Quizás no tanto en los del saludo inicial -al fin y al cabo, compartidos con la solista de violín- como a su salida tras el descanso y, muy especialmente, tras la versión de la Quinta de Shostakóvich que firmó. Pero entre lo más importante entre lo que nunca deberíamos olvidar es que fue Víctor Pablo quien abrió los oídos de la generalidad del público coruñés a la música de Shostakóvich.

Entre otros, claro; que gracias al itinerario diseñado por Víctor Pablo como director musical y artístico de la OSG, la obra sinfónica del compositor de San Petersburgo formó parte de la formación de la OSG. Y junto a los de Mahler, Bruckner, Brahms, Beethoven, Mozart o Rossini -entre otros, insisto-, se fue conformando el sonido de la orquesta, como declaraba en la entrevista concedida, al final de su ciclo como titular, al diario El País.



Víctor Pablo Pérez


Ese sonido de la orquesta fue seguramente la característica más destacada del concierto del viernes. Tanto en Chaikovski como en Shostakóvich la Sinfónica sonó empastada y redonda,tanto en tutti como por secciones; algo que, por lo que he podido saber, Víctor Pablo cuidó especialmente a lo largo de los ensayos de la semana.

Y así pudo llegar el acompañamiento ejemplar que la OSG hizo a Bomsori Kim (Daegu, Corea del Sur, 1989). Con un sonido matizado, redondo y brillante y un cuidado extremo de la dinámica que, salvo en un momento muy preciso casi al final del Allegro moderato inicial, permitió a la violinista, incluso en los pianissimi, llegar al último rincón del Palacio de la Ópera.



Bomsori Kim


Bomsori Kim ofrece una gran versión del concierto de Chaikovski, con un carácter un tanto personal aun dentro de la más estricta ortodoxia. Se podría decir que atiende a dos vertientes y es, por momentos, tan intimista como lleno de fuerza interior; algo que, tal como veíamos arriba, cuadra a la perfección con las vivencias del autor en los momentos de la composición de la obra.

Desde la introducción, el color y la calidez de su sonido mostraron lo que sería constante a lo largo de su interpretación. Sonido, dinámica y fraseo al servicio de la partitura con una intención expresiva llena de sutileza y que alcanzaba su mejor matización en unos apenas perceptibles rubati y su máximo esplendor en el manejo combinado de esas tres características sonoras para mostrarnos el mejor Chaikovski. Ese que tan vilipendiado fue por buena parte de la crítica del s. XX, especialmente durante su parte central; cuando el apasionamiento, la emotividad y la buena aceptación por el público pasaron a ser considerados por muchos como defecto inaceptable.

En resumen, una versión memorable por parte de solista, orquesta y director. Bomsori Kim -que había vivido a fondo cada pasaje del concierto, como se pudo ver en su diálogo visual con Víctor Pablo y los solistas- correspondió a la grande y merecida ovación con uno de los endiablados caprichos de Wienawski. Una demostración de la reserva de virtuosismo y energía que aún le habían quedado por usar.




Bomsori Kim en la cadenza


Arte frente a Nomenklatura

La Quinta de Shostakóvich es, como arriba queda dicho, fruto de su relación con el poder: con ese poder oscuro lleno de mediocridades bajo la bota y al servicio del tirano, una verdadera confrontación entre el miedo y la autoestima como músico del creador y el miedo y el ego como trepas de los burócratas del partido. Por eso, el eterno juego del disimulo y el camuflaje de intenciones al que se vio sometido da en esta sinfonía uno de sus frutos más atractivos musical y simbólicamente.

La traducción a sonido por parte la Sinfónica y su antiguo director musical y artístico tuvo el atractivo de un largo y profundo conocimiento de la sinfonía. Un primer movimiento en el que desde el principio se pudo palpar la tensión, con unos fortissmi iniciales aplastantes, más por concepto que por dinámica. 

Los violines mantuvieron esa tensión en su pasaje acompañados del arpa y la cuerda baja: una calma que se tensa por momentos durante el desarrollo del movimiento, pese a los solos esperanzadores de flauta de Claudia Walker Moore y del clarinete de Juan Ferrer. El piano de Alicia G. Permuy, dentro de una discreta potencia, aportó la oscuridad necesaria para dar su verdadero sentido a la marcha.




Irene Rodríguez calentando


Esta fue seguida por la calma prestada por los diferentes solos de los vientos -a los ya mencionados se unieron el oboe de Carolina Rodríguez y el fagot de Steve Harriswangler. Los contrabajos, liderados en este concierto por Todd Williamson, cantaron su parte y fueron en todo momento sólida base del sonido de toda la orquesta. La percusión por su parte, con los timbales de Irene Rodríguez al frente, marcó en toda la obra el, firme o doloroso, paso requerido.


Aguijón velado

Contrabajos y vientos volvieron a dar base sonora a un Allegreto con la adecuada ligereza general, pero bastante falto de ese velado aguijonazo de sarcasmo, tan propio de Shostakóvich, contenido en todo el movimiento. Lo más destacado de este fue nuevamente el sonido -soberbias trompas y trompetas e idóneo el canto en octavas del fagot y el contrafagot, este interpretado por Álex Salgueiro-. También destacable el solo de violín de la concertino invitada, Raquel Areal.



Sección de contrabajos de la OSG


Víctor Pablo dejó la batuta -a la que parece haber vuelto tras unos años sin usarla- en el Largo, movimiento que empezó con un aire bastante lírico que pronto hizo virar más a sombrío que a dramático. Walker y Ortuño a la flauta y Celine Landelle al arpa hicieron una hermosa ejecución de su pasaje, antes del largo crescendo de las cuerdas en el que creció por fin la tensión expresiva, dando paso a notables intervenciones de las maderas. El canto dramático de los chelos y el de los violines segundos, estos en un tenue y muy sentido pianissimo, tuvieron una gran emotividad. La limpidez del expresivo solo del arpa de Landelle llenó de emoción el auditorio antes de la serenidad esperanzada de los dos suaves acordes finales en modo mayor de las cuerdas.


El miedo siempre llama dos veces

La fuerza interior que la partitura demanda en el Allegro non troppo final fue desarrollada por Víctor Pablo y la Sinfónica con su habitual fuerte contraste dinámico, pero con la presencia también de algunos pasajes en mezzoforte; gran solo de trompa de Nicolás G. Naval La tensión propia de la partitura fue bastante bien reflejada; especialmente, en la ejecución del largo crescendo que solo acaba con la doble barra que marca el final de la obra.



Ovación final 


La ovación a orquesta y director fue tan larga y cálida como era de esperar por el trabajo realizado y dedicada por Víctor Pablo a cada solista y sección. Los músicos por su parte hicieron lo propio con el director, algo bastante inusual años atrás y que demuestra que el tiempo redondea aristas. Artísticas y relacionales.  

 


11 diciembre, 2015

Hay vida más alla de la clásica




Xabier Díaz / Adufeiras de Salitre. Sala Galileo Galilei, Madrid, 7 de diciembre de 2015.


Y qué vida. Llena de una verdad compuesta por esas verdades pequeñas y cotidianas que hacen grande la cultura popular, la que nace de la convivencia diaria. La de aquellas personas anónimas que crearon las letras, melodías y ritmos del más hermoso folclore, ése que Xabier Díaz (A Coruña, 1969) ha dejado plasmado, junto a Adufeiras de Salitre en su disco The tambourine man. Díaz y Adufeiras están presentando su trabajo estos días por toda España y tuve la suerte de poder asistir a su presentación en Madrid en la ya legendaria sala Galileo Galilei.

Xabier Díaz. Foto de Alfredo Moreno, cedida por X. Díaz

Ésta es una crónica muy personal de sentimientos y pensamientos surgidos en una noche extraña, que empezó como la deserción de una realidad atosigante y acabó como un encuentro. O más bien como un reencuentro: con la más pura música popular, la que crea el pueblo del rural siguiendo las más acendradas tradiciones; pero reencuentro, también, con unos sentimientos que, más que sumados, multiplicados o potenciados, resultaron en realidad sinérgicos.

Éstos surgieron del interior del oyente como un manantial que reflejara la voz limpia y transparente de Xabier Díaz. Un arroyo que pronto se hizo torrente incontenible al unirse a la profundidad telúrica de la percusión. Fue cuando el sonido de los adufes [1] se asemejó a los ecos que produciría un seísmo en el triángulo sísmico Becerreá-Sarria-Triacastela de las montañas del Cebreiro. Unos ecos mullidos por los aturuxos de las Adufeiras de Salitre hasta conferirles una humana cercanía.

Adufeiras de Salitre en Galileo Galilei. Foto J. Carrillo

Las letras, melodías y ritmos recogidos por Xabier Díaz en toda Galicia conquistaron los oídos del auditorio y el músico e investigador se mostró “encantado de invadir la meseta con las armas de la música”. Su voz y las de sus Adufeiras de Salitre, el acordeón de Javier Álvarez y el violín y la zanfona de Gutier, hermano de éste, pasearon por la cosecha de folclore gallego de Díaz y el recogido por otros notables folcloristas. Entre los de éstos, brillaron la Muiñeira da Picota, sacada a la luz por la suiza Dorothe Schubart, el Jostumen pasodoblea (pasodoble de las costureras) de Kepa Junquera, o la picardía bien pegada a la realidad de la letra del pasodoble de Beo, elevada a la gracia de su música.

Hablaba más arriba de sentimientos. Y los que me llenaron la noche del viernes 4 en la sala Galileo Galilei, escuchando la música de The tambourine man, fueron
Foto de Alfredo Moreno
cedida por Xabier Díaz
de pertenencia múltiple, que uno puede sentir como propia más de una. Porque si Madrid acogía con calor la música más puramente gallega, la vasca de Junquera y la castellana vieja (ese
 Agarrado de Cervera de Pisuerga como una denuncia de amores asimétricos), treinta años largos de residencia en Galicia te hacen sentir como realmente propio todo lo gallego. 


Y, al final, lo que se siente en una noche así es un flujo y reflujo de emociones que sólo se puede comprender cuando no hace falta dividirse porque uno tiene sus raíces y sus ramas bien unidas a través del tronco de los sentimientos. Y nada mejor para mantener sanas y fuertes las plantas de esta clase que regarlas con emociones limpias. Como las que producen las voces y ritmos de Xabier Díaz, los hermanos Álvarez, Maite, Carolina, Bea, Iria, Cristina, Patricia, Noemí, Montse, Lidia, Gisela y Mariña.



O el disfrute de la cultura, que -como dijo Díaz al agradecer los aplausos del público- "no sólo nos hace más libres, sino también más felices". Y otra emoción, la de ver a una joven pareja desconocida -apenas dos sombras llenas de gracia danzante- bailando en la oscuridad la Xota de Lira al final de un concierto que, por su autenticidad y frescura, marcó una huella bien profunda en muchos de quienes tuvimos la suerte de escucharlo.



[1] Pandero cuadrado de origen morisco, de uso extendido en el folclore portugués y del Noroeste de España. La tradición nos dice que su construcción con “palo de naranjo” (árbol cuya flor es el azahar) y dos membranas -“una de animal macho y otra de hembra” le confiere una gran carga  simbólica acerca de las relaciones de pareja y de matrimonio.