A Coruña, viernes 20 de
enero, Orquesta Sinfónica de Galicia. Programa: Píotr Ílich Chaikovski, Concierto
para violín y orquesta en re mayor, op 35; Dmitri Shostakóvich, Sinfonía
nº 5 en re menor, op. 47. Bomsori Kim, violín. Víctor Pablo Pérez, director
El programa del viernes 20 estaba compuesto por dos obras que reflejan las vivencias de sus autores en la época de su respectiva creación. Chaikovski vive relajado por su relación platónica epistolar con la viuda Nadezhda von Meck. El fracaso de su matrimonio con Antonina Milyukova como camuflaje de su condición sexual y su consiguiente intento de suicidio quedan atrás y su música, tan serena como brillante, lo refleja. Shostakóvich por su parte vive el infierno de su relación con las autoridades soviéticas tras la prohibición de su e Lady Macbeth del distrito de Mzensk, como demuestra la aceptación del humillante subtítulo de esta Quinta como “Respuesta de un artista soviético a una justa crítica”.
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Dmitri Shostakóvich |
La vuelta de Víctor
Pablo Pérez (Burgos, 1954) al podio de la Orquesta Sinfónica de Galicia es siempre
precedida por una notable expectación entre abonados y músicos de la orquesta.
El recuerdo de la formación de esta y de la amplitud y solidez del proyecto que
dejó nunca se olvidará -nunca debería olvidarse- en la ciudad y en toda
Galicia. No lo olvidaron los asistentes al concierto y así lo dejaron patente
con sus aplausos.
Quizás no tanto en los
del saludo inicial -al fin y al cabo, compartidos con la solista de violín- como
a su salida tras el descanso y, muy especialmente, tras la versión de la Quinta
de Shostakóvich que firmó. Pero entre lo más importante entre lo que nunca
deberíamos olvidar es que fue Víctor Pablo quien abrió los oídos de la
generalidad del público coruñés a la música de Shostakóvich.
Entre otros, claro; que
gracias al itinerario diseñado por Víctor Pablo como director musical y
artístico de la OSG, la obra sinfónica del compositor de San Petersburgo formó
parte de la formación de la OSG. Y junto a los de Mahler, Bruckner, Brahms,
Beethoven, Mozart o Rossini -entre otros, insisto-, se fue conformando el
sonido de la orquesta, como declaraba en la entrevista concedida, al final de su
ciclo como titular, al diario El País.
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Víctor Pablo Pérez |
Ese sonido de la
orquesta fue seguramente la característica más destacada del concierto del
viernes. Tanto en Chaikovski como en Shostakóvich la Sinfónica sonó empastada y
redonda,tanto en tutti como por secciones; algo que, por lo que he
podido saber, Víctor Pablo cuidó especialmente a lo largo de los ensayos de la
semana.
Y así pudo llegar el
acompañamiento ejemplar que la OSG hizo a Bomsori Kim (Daegu, Corea del Sur, 1989).
Con un sonido matizado, redondo y brillante y un cuidado extremo de la dinámica
que, salvo en un momento muy preciso casi al final del Allegro moderato
inicial, permitió a la violinista, incluso en los pianissimi, llegar al
último rincón del Palacio de la Ópera.
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Bomsori Kim |
Bomsori Kim ofrece una
gran versión del concierto de Chaikovski, con un carácter un tanto personal aun
dentro de la más estricta ortodoxia. Se podría decir que atiende a dos
vertientes y es, por momentos, tan intimista como lleno de fuerza interior;
algo que, tal como veíamos arriba, cuadra a la perfección con las vivencias del
autor en los momentos de la composición de la obra.
Desde la introducción,
el color y la calidez de su sonido mostraron lo que sería constante a lo largo
de su interpretación. Sonido, dinámica y fraseo al servicio de la partitura con
una intención expresiva llena de sutileza y que alcanzaba su mejor
matización en unos apenas perceptibles rubati y su máximo esplendor en el
manejo combinado de esas tres características sonoras para mostrarnos el mejor
Chaikovski. Ese que tan vilipendiado fue por buena parte de la crítica del s.
XX, especialmente durante su parte central; cuando el apasionamiento, la
emotividad y la buena aceptación por el público pasaron a ser considerados por muchos
como defecto inaceptable.
En resumen, una versión memorable por parte de solista, orquesta y director. Bomsori Kim -que había vivido a fondo cada pasaje del concierto, como se pudo ver en su diálogo visual con Víctor Pablo y los solistas- correspondió a la grande y merecida ovación con uno de los endiablados caprichos de Wienawski. Una demostración de la reserva de virtuosismo y energía que aún le habían quedado por usar.
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Bomsori Kim en la cadenza |
Arte frente a Nomenklatura
La Quinta de Shostakóvich es,
como arriba queda dicho, fruto de su relación con el poder: con ese poder
oscuro lleno de mediocridades bajo la bota y al servicio del tirano, una verdadera
confrontación entre el miedo y la autoestima como músico del creador y el miedo
y el ego como trepas de los burócratas del partido. Por eso, el eterno juego
del disimulo y el camuflaje de intenciones al que se vio sometido da en esta
sinfonía uno de sus frutos más atractivos musical y simbólicamente.
La traducción a sonido por parte la
Sinfónica y su antiguo director musical y artístico tuvo el atractivo de un largo
y profundo conocimiento de la sinfonía. Un primer movimiento en el que desde el
principio se pudo palpar la tensión, con unos fortissmi iniciales aplastantes,
más por concepto que por dinámica.
Los violines mantuvieron esa tensión en
su pasaje acompañados del arpa y la cuerda baja: una calma que se tensa por
momentos durante el desarrollo del movimiento, pese a los solos esperanzadores
de flauta de Claudia Walker Moore y del clarinete de Juan Ferrer. El piano de
Alicia G. Permuy, dentro de una discreta potencia, aportó la oscuridad necesaria
para dar su verdadero sentido a la marcha.
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Irene Rodríguez calentando |
Esta fue seguida por la calma prestada por los diferentes solos de los vientos -a los ya mencionados se unieron el oboe de Carolina Rodríguez y el fagot de Steve Harriswangler. Los contrabajos, liderados en este concierto por Todd Williamson, cantaron su parte y fueron en todo momento sólida base del sonido de toda la orquesta. La percusión por su parte, con los timbales de Irene Rodríguez al frente, marcó en toda la obra el, firme o doloroso, paso requerido.
Aguijón velado
Contrabajos y vientos volvieron a dar
base sonora a un Allegreto con la adecuada ligereza general, pero
bastante falto de ese velado aguijonazo de sarcasmo, tan propio de Shostakóvich,
contenido en todo el movimiento. Lo más destacado de este fue nuevamente el
sonido -soberbias trompas y trompetas e idóneo el canto en octavas del fagot y
el contrafagot, este interpretado por Álex Salgueiro-. También destacable el solo
de violín de la concertino invitada, Raquel Areal.
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Sección de contrabajos de la OSG |
Víctor
Pablo dejó la batuta -a la que parece haber vuelto tras unos años sin usarla- en
el Largo, movimiento que empezó con un aire bastante lírico que pronto hizo
virar más a sombrío que a dramático. Walker y Ortuño a la flauta y Celine
Landelle al arpa hicieron una hermosa ejecución de su pasaje, antes del largo crescendo
de las cuerdas en el que creció por fin la tensión expresiva, dando paso a
notables intervenciones de las maderas. El canto dramático de los chelos y el de
los violines segundos, estos en un tenue y muy sentido pianissimo, tuvieron
una gran emotividad. La limpidez del expresivo solo del arpa de Landelle llenó
de emoción el auditorio antes de la serenidad esperanzada de los dos suaves acordes
finales en modo mayor de las cuerdas.
El miedo siempre llama dos veces
La fuerza
interior que la partitura demanda en el Allegro non troppo final fue desarrollada
por Víctor Pablo y la Sinfónica con su habitual fuerte contraste dinámico, pero
con la presencia también de algunos pasajes en mezzoforte; gran solo de
trompa de Nicolás G. Naval La tensión propia de la partitura fue bastante bien
reflejada; especialmente, en la ejecución del largo crescendo que solo
acaba con la doble barra que marca el final de la obra.
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Ovación final |
La ovación
a orquesta y director fue tan larga y cálida como era de esperar por el trabajo
realizado y dedicada por Víctor Pablo a cada solista y sección. Los músicos por
su parte hicieron lo propio con el director, algo bastante inusual años atrás y
que demuestra que el tiempo redondea aristas. Artísticas y relacionales.