martes, 31 de diciembre de 2019

Traspasando los muros del tiempo








A Coruña, 24 de diciembre, Teatro Rosalía Castro. Luces de bohemia. Obra de Ramón María del Valle-Inclán. Intérpretes: Roberto Quintana (Max Estrella, Marqués de Bradomín). Manuel Monteagudo (Don Latino. Juan Motilla Zaratustra, Valle-Inclán, El Capitán Pitito, El Conserje, El Borracho). Amparo Marín (Madama Collet, La Ministra, Un Guardia, La Vieja Pintada). Antonio Campos (Pica Lagartos, Don Gay, Clariniot, Dieguito, Un Sepulturero, El Llavero). Rebeca Tormes (La Pisa Bien, Vecina, Otro Guardia, la Ujier, La Madre del Niño). Juanfra Suárez (El Rey de Portugal, Serafín el Bonito, Don Filiberto, Otro Sepulturero, Gálvez). Silvia Beaterio (Claudinita, La Lunares, Vero, El Chico de la Taberna, El Pelón). José Luis Bustillo (Dorio de Gádex, El Preso). Los mismos como Coros, Turbas, Manifestantes, Clientes…

Versión y dirección, Alfonso Zurro (ADE). Producción, Juan Motilla y Noelia Díez. Diseño de Escenografía y Vestuario, Curt Allen Wilmer (AAPEE). Diseño de Iluminación, Florencio Ortiz (AAI). Música, espacio sonoro, Jasio Velasco. Realización escenografía, Mambo, Teatro Clásico de Sevilla. Pintura vestuario, Taler María Colón. Realización vestuario, Rosalía Lago. Ayudante de dirección, Verónica Rodríguez. Ayudante de escenografía y vestuario, Mar Aguilar. Ayudante de escenografía, Yanira Muñoz. Maquillaje y peluquería Manolo Cortés. Cartel, Manoño Cuervo. Equipo técnico, Tito Tenorio, Antonio Villar, Rafael Calderón, Jorge González. Fotografía, Luis castilla. Vídeo, La Buena Estrella. Coreografía, Isa Ramírez, violeta Casal. Coro musical, Isa Ramírez, Julio Ramírez, Ana Ramírez, Jesús Ramírez, María Ramírez, Celia Clemente. Distribución, Noelia Díez, SEDA Distribución Teatral. Comunicación, Noelia Díez.





“… una España caduca, sin aliento, sin ética. Una España .../… caricatura de sí misma. Una España sorprendida en trance de ruina, en desmoronamiento irremediable…/…Una época que se descompone… Unos personajes cuya única ética parece ser la de la subsistencia. Sobrevivir. Un mundo en descomposición .../… La palabra, la fuerza de la palabra de Valle, como ladridos o cuchilladas, caricias, lametones, aullidos…”

Palabras y frases entresacadas del programa de mano. Y que en el instante mismo de leerlas hacen que una especie de flash se encienda e ilumine tu cabeza: ¿Una introducción a la función que estás a punto de presenciar o una descripción de la España actual? ¿O acaso del mundo actual? De este mundo dominado por el poder en la sombra de quienes dirigen las grandes corporaciones industriales; que no han sido elegidos democráticamente por nadie pero que condicionan directa o indirectamente la vida de miles de millones de personas. De este mundo y esta España en descomposición ética desde hace años, en los que la sociedad está cada día más dividida por brechas económicas, tecnológicas, de edad o de género. O esta España en la que, como en  los tiempos de Valle, medra la mediocridad porque “es un delito el talento”.

La función empieza por el final; y es que hay ocasiones en la que contar las consecuencias antes que las causas explica mejor el todo. Max Estrella ha muerto, veamos por qué. Repasando sus últimas veinticuatro horas haremos mejor la autopsia de aquella/esta sociedad muerta y podrida y comprobaremos una vez más que, como dice el personaje del sepulturero, “en España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza”.



La versión de Alfonso Zurro apenas cambia el texto para hacer algún guiño a la contemporaneidad. Su ministra, tan corrupta como cualquier político actual, también traspasa el tiempo. Hará llegar a Max Estrella una paga –hoy, mamandurria-chiringuito- al miserable cuartucho -solución habitacional, en lenguaje político del s. XXI-. Al menos, entonces estas cosas no llevaban agregados gastos de personal y local. En resumen, los cambios en el texto no lo desmerecen sino que lo actualizan y lo hacen más vívido.

Dos elementos esenciales en el montaje son la escenografía y el vestuario de Curt Allen Wirmer. La primera se basa en una docena de cajas de madera, apenas teñidas de gris por fuera, que se transforman en camastro-litera, barra de taberna, despacho ministerial, calabozo o ataúd. Movidas por los propios actores a lo largo de la función, dan a esta un dinamismo casi cinematográfico, logrando que su duración pase desapercibida, que la función se haga corta.



El vestuario, sin datación concreta, traspasa los muros del tiempo, de estos casi cien años transcurridos desde el inicio de su publicación por entregas en el semanario España (julio – octubre de 1920). Los personajes se tornan así atemporales, resaltando su condición de lumpen, de seres corroídos por la vida y la miseria material y moral, en contraste con el predominio del blanco en el ropaje de Max Estrella, todo un símbolo del limpio espíritu del poeta frente a la miseria moral que lo rodea. La iluminación de Florencio Ortiz proporciona a la obra el más adecuado ambiente lóbrego y hace resaltar idóneamente cada escena.

La dirección de actores y movimiento de estos es espléndida y hace que a los largo de la función uno olvide su limitado número -salvo el personaje de Don Latino todos representan entre dos y seis diferentes papeles-. Y que hacen que cada uno de ellos cobre vida con su propia personalidad. Los coros declamando parte de las acotaciones escénicas parecen directamente extraídos de una tragedia griega y refuerzan el sentido dramático de las escenas en las que intervienen.

Soberbio Roberto Quintana como Max Estrella, que hace que dota a su personaje de una gran humanidad, basculando entre la contención y el desbordamiento propios del texto valleinclanesco. Grande también el Don Latino de Manuel Monteagudo, orbitando alrededor del poeta como el bribón descarado dispuesto siempre a aprovecharse de él. Silvia Beaterio muestra una grandísima ductilidad, destacando de su trabajo el más que justificado encono de Caludinita hacia Latino y el descaro y ternura como La Lunares, una joven prostituta deslumbrada por el discurso de Estrella. Lacerante Rebeca Torres como madre del niño muerto por una bala e irreverente y procaz como La Pisa Bien.






miércoles, 11 de diciembre de 2019

Carretera a la nada








A Coruña, 23 de noviembre, Teatro Rosalía Castro. La strada. Obra de Federico Fellini. Adaptación, Gerard Vázquez. Intérpretes: Alfonso Lara (Zampanó), Mar Ulldemolins (Gelsomina) y Alberto Iglesias (El Loco). Colaboración especial en vídeo, Gloria Muñoz. Dirección, Mario Gas. Diseño de escenografía, Juan Sanz. Realización de escenografía, Taller de Juan Sanz y Manuel Álvarez. Diseño de iluminación, Felipe Ramos. Vídeoescena, Álvaro Luna. Compositor banda sonora, Orestes Gas. Figurinista, Antonio Belart. Realización de vestuario, Cornejo. Diseño de sonido, Enrique Mingo. Producción: Diseño y dirección, Concha Busto. Producido por José Velasco.


La historia que cuenta La strada es una vieja conocida pero La strada no es una historia vieja. La madre de Gelsomina le vende su hija a Zampanó, un artista de circo ambulante. Gelsomina, además de ser obligada por Zampanò a actuar en las plazas de los pueblos, es insultada, golpeada y tratada por él como esclava sexual. En su deambular, se encuentran con El Loco, un equilibrista viejo conocido de Zampanó, quien lo considera como auténtico enemigo personal más alá de la rivalidad en su miserable mundo ambulante. El trato de El Loco hacia Gelsomina, una pobre adolescente en el límite de la normalidad, descubre a esta un mundo nuevo en el que ella se siente capaz de hacer cosas más allá de las escuetas y brutales instrucciones de  su amo. Y de vivir lejos de su “protección”; pero la vuelta de Zampanó desencadena el conflicto “a trè”, como las viejas sonatas barrocas; o como las eternas historias de celos, que también puede haberlos sin amor de por medio porque, al fin y al cabo también pueden ser un sentimiento desencadenado por el instinto de posesión tanto o más que por el amor.

Esta Strada alude visualmente a aquella posguerra de los 50 con el predominio de los tonos pardos oscuros del vestuario de Belart pero la dirección de Gas es más atemporal en la creación de sus tres personajes. Tal vez por eso nos los presenta en lo que se me antoja una especie de globo, entre transparente y translúcido y hecho de la misma materia que el tiempo, lo que Mario Gas define como “un halo trágico del que no pueden escapar". Viven nuestros tres personajes encerrados en su miseria por una sociedad en estado de shock, que no los mira salvo para echarles unos céntimos en el sombrero al final de su número. Una visión invertida, especular, de aquellos surrealistas personajes buñuelianos de El ángel exterminador encerrados en su lujosa cena de lujo por sus sirvientes.

El texto de Gerard Vázquez y la dirección de Mario Gas revelan quizás una inspiración, paralelismo o cita elíptica becketiana en cómo parecen esperar ese algo o alguien desconocido que desde su ausencia  nunca llegará a liberar a Gelsomina de la brutalidad de Zampanó, como no llega Godot a hacerlo con la de Lucky esclavizado tiránicamente por Pozzo en la obra de Samuel Becket.




Tres grandes en escena

La interpretación de los tres actores es realmente soberbia. El personaje de Zampanó es construido por Lara en una inquietante pero consecuente alternancia entre su brutalidad y su tristeza, haciendo surgir sentimientos encontrados hacia quien desde la platea se percibe tan víctima como verdugo. Las explicaciones al público de su número de “forzudo” tienen un cierto halo de ingenua ternura pese a su horrible comportamiento con sus compañeros de desventura.

Mar Ulldemolíns encarna una Gelsomina más que creíble. Inocente, ignorante, temerosa, dolida, tierna y soñadora, transita por cada estado de ánimo del personaje irradiando veracidad en cada momento de la función y hace que al salir del teatro uno sienta deseos de volver para rescatarla y ofrecerle todo un mundo de nuevas perspectivas vitales.

 Alberto Iglesias es una fuente de emociones a través de su gestualidad facial, tanto que bien podría haber hecho un papel de El Mudo como este, que borda, de El Loco. Pero no queda atrás su vocalidad y es a través de sus palabras como su personaje como logra abrir los ojos a Gelsomina. Y de su sonido tocando al violín (por cierto, con un barniz absurdamente brillante para ser el de un equilibrista ambulante) notas de la música de Nino Rota para el filme de Fellini. O enseñando a Gelsomina a hacer lo mismo con la trompeta (qué emoción en esas notas desafinadas) y hacerle sentir una emoción positiva, tal vez por primera vez en su vida.

Las proyecciones sobre tres pantallas, además de acercar los rostros de los protagonistas y expresar las situaciones que estos viven (esas salpicaduras de sangre, esos paisajes desolados), son un hermoso homenaje al original cinematográfico felliniano. Esta Strada de Gas tiene un cierto aire de poesía triste y desesperanzada que atrae como un potente imán en una versión para la distancia media y corta que proporcionan el escenario y las tres pantallas. Un  aire que llega al espectador sin la fuerza telúrica de la película pero tan sutil, como dice el viejo proverbio sobre el viento del Guadarrama, “que mata a un hombre pero no apaga un candil”.





Una consideración final

La aventura de estos tres desdichados es un espejo en el que cada espectador puede ver reflejada su vida más íntima; ese anhelo de progreso o crecimiento personal tantas veces imposibilitado por sus circunstancias personales o sociales. Pero también, con el foco más abierto, una proyección más amplia y actual. La mayoría de los actuales errabundos no se mueven en viejos motocarros por una carretera polvorienta sino en pateras o cayucos por otras, líquidas y demasiadas veces mortales, a las que llamamos Mediterráneo o Atlántico.



jueves, 21 de noviembre de 2019

Et lux movet in domum et vitam suam







A Coruña, 17 de noviembre, Teatro Rosalía Castro. La golondrina. Texto, Guillem Clua. Dirección, Josep María Mestres. Intérpretes: Carmen Maura (Amelia) y Dafnis Balduz (Ramón). Música, Iñaki Salvador; Escenografía, Alessio Meloni (AAPEE). Diseño de iluminación, Juan Gómez Cornejo (A.A.I.). Vestuario, Tatiana Hernández. “Coach” Vocal, Ángel Ruiz. Maquillaje  y peluquería Carmen Maura, Romana González. Ayudante de dirección, David Blanco. Construcción de decorado, Escénica Integral. Dirección de Producción, Miguel Cuerdo


Y la luz se trasladó a su casa y a su vida

Amelia, “una severa profesora de canto recibe en su casa a Ramón, un hombre joven que desea mejorar su técnica vocal para cantar en el memorial de su madre, fallecida recientemente. La canción elegida tiene un significado especial para él y, al parecer, también para Amelia”. A partir de esta escena inicial y de lo que se puede leer en la sinopsis proporcionada por la compañía -“un duro enfrentamiento entre Amelia y Ramón que los lleva a descubrir la verdad sobre su relación con un atentado terrorista islamista que sufrió la ciudad el año anterior”, el espectador avisado imagina no ya el final sino gran parte de los pasos y escenas que llevarán a él.

El texto de Clua deja en el camino una buena parte de las posibilidades dramáticas de la idea germinal de la obra. El encuentro de Amelia, madre de una de las víctimas del atentado, con quien poco a poco va descubriendo su verdadera relación con este podría haber dado lugar a un gran drama y en algún momento parece que va a serlo. Pero La golondrina es una obra comercial, claramente dirigida a un nicho de mercado: el de admiradores de Carmen Maura como actriz cinematográfica que están deseosos de verla actuar en persona sobre un escenario.


Carmen Maura
En esta singladura, tal vez por eso, tanto el autor como sobre todo el director han optado por rebajar el grado de dramatismo del texto y de su plasmación escénica. Una decisión tan válida y honradamente rentable como evasiva. Esto se hace notar especialmente en frases que salpican el texto casi de principio a fin, que habrían podido actuar como rebaja de la tensión dramática acumulada. Pero con la dirección de Josep M. Mestres se convierten en anzuelos para pescar sonrisas; y estas -quizás por el éxito en la identificación de la diana de público- devienen en risas más veces de las que sería de desear.

Probablemente los fieles mauristas habrán logrado su objetivo; por lo que se pudo ver al final de la segunda función en A Coruña, con parte del público en pie y gritando bravo, se diría que sí. Pero el dominio del pequeño gesto facial -esa causa esencial del enamoramiento de la cámara hacia los actores en general y hacia esta actriz en particular- queda anulado con la distancia. Por cierto, ¿alguien recuerda que hubo un tiempo en el que el público utilizaba un artilugio óptico llamado gemelos –impertinentes si llevaban mango- para acercarse visualmente al escenario?

Además, al menos ese día, su voz no rodó bien pese a la buena acústica del Rosalía y, lo que es peor, ni sus inflexiones vocales ni su gestualidad corporal marcaron el tono dramático que, pese a todo, se desprende de su papel en La golondrina. Una auténtica lástima dado el contenido de los monólogos –tuve que comprar el libro para conocer todo el texto- de que dispone para poder explotar todo su potencial como actriz.

Dafnis Balduf
Algo mejor dicción y menor envaramiento gestual se pudo apreciar en le actuación de Dafnis Balduz como Ramón, que también acusa, pero en menor medida, los efectos de las citadas faltas de tensión dramática de texto y dirección.

La escenografía es corpórea y realista, con un piano de media cola en el lado izquierdo del escenario y una serie de sillones y estanterías llenas de libros y álbumes de fotos que irán tomando importancia a lo largo de la obra. El predominio más significativo –y no solo por tamaño, sino también por su posible simbolismo- es de un gran ventanal a través del que se ve durante toda la función la misma foto de gruesas nubes blancas. La iluminación de estas va disminuyendo a medida que Ramón va descubriendo a Amelia su verdadera relación con Dani, el hijo de Amelia, y crece el grado de enfrentamiento de ambos personajes. Así, las nubes van oscureciéndose paulatina e insensiblemente como si su luminosidad (¿el recuerdo del joven difunto?) se trasladara al espacio entre los protagonistas; a sus vidas a partir de la función.

En estas, y esperando más trascendencia -incluso, en contra de la voluntad de autor y/o director-, se me ha venido a la memoria lo que decía Mediodiente,  personaje del sainete de Don Ramón de la Cruz El Manolo:

MEDIODIENTE           Amigo, o es trigedia o no es trigedia
                                   es preciso morir; y solo deben
                                   perdonarle la vida los poetas
                                   al que tenga la cara más adusta
                                   para decir la última sentencia

O es tragedia o no es tragedia: La golondrina pudo serlo. Pero se quedó en melodrama.


lunes, 21 de octubre de 2019

Entrevista a Jesús celemín (y 2)









P.- Como concejal de Educación ha declarado la importancia de artes y deporte en la enseñanza y que el deporte está bastante bien atendido pero no así las enseñanzas artísticas. ¿Se puede mejorar la situación de estas desde la concejalía?

R.- Desde el Ayuntamiento sí que se puede hacer, sobre todo a través de programas educativos. A partir de ahí, con las actividades extraescolares sí que puedes complementar de alguna manera la falta que hay en el currículum escolar. La música, por ejemplo, tiene en primaria una hora a la semana, que no es nada. ¿Qué hacen las familias interesadas? Los llevan a la Escuela de Música o al Conservatorio, pero sí que es verdad que podemos hacer actividades  no solo a nivel clásico sino también del folclore gallego, a través de asociaciones, y en esa idea estamos impulsando en los centros actividades extraescolares para que la música, el teatro, la gaita, la pintura, etc., tengan más presencia. Como hemos llegado muy justos [de tiempo], estos cambios no se notarán para este curso escolar pero sí para el  año que viene.

P.- Hablando de otra cosa, ¿en qué punto se encuentra la gestión municipal del Teatro Colón, que acaba este año? ¿Ya se ha llegado a un acuerdo con la Diputación Provincial para prolongarla?

R.- La idea es continuar. Estamos trabajando en ello, en mejorar la colaboración y, en principio, la Diputación creo que es receptiva a que continuemos con el convenio programando nosotros y ellos, que también tienen sus días. Por lo menos hay muy buena sintonía y no hay interferencias, todo lo contrario. Creo que o mucho me engaño o vamos a seguir gestionando como hasta ahora se ha hecho.

Teatro Colón, A Coruña



P.- Se puede decir que en A Coruña hay tres recintos fundamentales como el Rosalía, el Colón y el Palacio de la Ópera y que habrá que coordinar, sobre todo los dos teatros, para que no se hagan la competencia .

R.- Como estos espacios los gestionamos desde Cultura es mucho más fácil programar y que no se pisen las actividades. Lo que pasa es que en A Coruña  hay tal cantidad de actividades musicales y de otro tipo, que al final se solapan. Pero estoy viendo que las personas que son fieles al Palacio de la, los abonados, van el viernes y si hay algo en el Colón, que puede ocurrir, este tiene su público, como lo tiene el Rosalía. Los públicos están bastante bien distribuidos y no quedan las actividades sin espectadores. Porque cuando uno hace un espectáculo de cualquier tipo es para enseñarlo y el calor del público es fundamental y en eso A Coruña es envidiable, porque es un público muy agradecido y entregado y la verdad es que los artistas lo agradecen.

P.- Hablemos del MACUF [antiguo nombre del  MAC, Museo de arte Contemporáneo de Naturgy, antes Unión Fenosa, por el que aún lo conoce un gran número de personas en A Coruña ]: se ha hablado de que han desplazado 400 obras a Valladolid. Por lo que Vd. sabe, ¿cuál es la situación a fecha de hoy?

R.- Qué dolor, el MACUF. Yo siempre fui contrario a que se cerrara. El otro día tuvimos una reunión con [Manuel Fernández] Pellicer, que es el delegado, y realmente yo no puedo estar optimista: ellos se mantienen en  el cierre. Entonces estamos mirando otras posibilidades, otras vías. Ellos aseguran que está allí toda la colección, que no se ha movido; realmente, tampoco lo sabemos, porque tampoco tenemos una relación de las obras. Lógicamente, el catálogo lo tenían ellos y su registro lo tienen ellos. Entonces, abren la posibilidad a que Xunta, Diputación, Concello –y ellos tendrían que participar también- se hicieran cargo del museo. Hay que ver en qué condiciones, cómo sería el reparto.

Museo de Arte contemporáneo, A Coruña



P.- Pero no en el espacio del MAC ¿En qué espacio podría ser?

R.- Es que no hay otro, yo no veo otro. Yo tengo todavía que sentarme con ellos y ver qué se hace. Pero np puede haber otro porque la colección es muy grande y tampoco A Coruña tiene un espacio para albergarla, habría que crearlo y eso llevaría años y una inversión muy grande. Entonces, yo estoy pesimista porque ¿si la Xunta no aporta para el Consorcio, va a aportar para el MAC? ¿Y en qué cuantía? Yo voy a hacer un esfuerzo, hablar con la Diputación, a ver cuál es su parecer, volveré a sentarme con la Xunta a ver cuál es el suyo y cómo quiere diseñarlo, con Naturgy y con el Concello. Pero las conversaciones no son rápidas y habría que ver también el mecanismo legal, si a través de un convenio, si un consorcio o un patronato. Eso hay que escribirlo, redactarlo y sé que eso va a llevar tiempo.

P.- Naturgy dice que mantendrá su sede en A Coruña pero quizás alquilará sus salas vacías. ¿Puede ser esa la salida que permita volver a exponer los fondos?

R.- Después de todo lo que ha ganado Naturgy en Galicia, suena a broma que encima haya que alquilarle parte de la sede o de sus instalaciones. Yo creo que ellos tendrían que hacer también una aportación, si no del mantenimiento [de la colección] por lo menos la cesión de espacios y el mantenimiento de lo que es el recinto y nosotros entraríamos en lo que es la programación, personal, etc. A cuatro bandas es posible llegar a un acuerdo; si una de las cuatro patas falla va a ser muy difícil.

P.- ¿Y las actividades?

R.- Las actividades eran fantásticas, sobre todo las que se hacían en los centros educativos, que eran diferentes pero algo parecido a las que se hacen en el Museo de Belas Artes: unas actividades muy bien pensadas, trabajadas con monitores muy cualificados y que tienen unos resultados educativos y pedagógicos extraordinarios. Habría que recuperarlas pero todo aquel personal no sabemos si estará interesado en volver; ya ha pasado un año y un año es mucho tiempo, seguro que ya habrán buscado otros caminos y a lo mejor esas heridas marcan tanto que ya uno no quiere volver a trabajar donde lo pasó mal.

P.- Desde la Xunta se ha dicho y se dice que lo importante es que los fondos queden en Galicia. ¿Hay “peligro de desplazamiento” al Gaiás o similares?

R.- No lo sé. Yo creo que ya el Gaiás fue un error hacerlo con esas dimensiones. A mí no me gustaría que [la colección de] el MAC saliera de a Coruña. Ahora, también es verdad que no me gustaría que el MAC desapareciera. Entonces, si esa es una vía para que no desaparezca, pues es una más pero tendremos que explorar otras opciones. Yo, desde luego, creo que es importante que no desaparezca y si la Xunta apuesta por llevarse toda la colección al Gaiás pues es una de tantas otras. Porque esto no es solo una cuestión de exposición; las actividades van muy unidas, los concursos que había [la Bienal tras cuya última edición se cerró el museo] y todo lo que suponía la programación educativa hacen que no tenga mucho sentido coger una colección que funcionó aquí para llevarla a otro sitio solo para que quede guardada en un  lugar. Esta vía que apunta sería la última que descartaría como la última posible.

P.- Pues suerte para que todo salga bien

R.- Suerte no. Lo que se necesita es un cambio de mentalidad. A lo mejor otras personas en estos puestos de responsabilidad lo ven de otra manera mucho más acertada. Yo, desde luego, hasta el momento no les veo una buena  disposición. Como entidad máxima, ellos también deberían poner los medios; ellos saben que nosotros estamos preocupados, lo saben de sobra. En la Xunta tienen dinero y formación suficiente y la solución es fácil: Feijoo solo tiene que dar la orden. A él le gusta la música y vive en A Coruña, Solo tiene que decir “voy a apostar por la ciudad en la que vivo”.

No veo voluntad de diálogo, no veo voluntad de solucionar el problema, que es tan sencillo como pagar aquello que se comprometieron por escrito a través de un convenio anual, por lo tanto, existe una mala intencionalidad de dañar los intereses de los ciudadanos: miles de personas conforman las agrupaciones del consorcio: niñas, niños, profesorado, familias...y lógicamente esto se debe saber, para que no ocurra y se ponga solución de manera inmediata.

Es una cuestión de decisión, nada más. Es cierto que la Xunta la gobierna el partido Popular y sería poco responsable utilizar la mayoría en contra de una ciudad  que ellos no gobiernan y poner freno a cultura musical de A Coruña. Estoy convencido de que si tuvieran el gobierno de la ciudad la solución llegaría antes”.


sábado, 19 de octubre de 2019

Entrevista a Jesús Celemín (1)






Jesús J. Celemín (León, 1964) es el Concejal de Educación y Cultura del Ayuntamiento de A Coruña. Profesor de Música de Educación Primaria por oposición desde 1993, acumula una notable experiencia docente como jefe de estudios y director de centros de Primaria en Bembibre (León)  y A Coruña, aquí también como presidente de la Asociación de Directores de Colegios Públicos de A Coruña y miembro de la Xunta Provincial de Directores de A Coruña, 2014/2019. También ha sido profesor-tutor del Máster Universitario en Dirección, Gestión e Innovación de Instituciones Escolares y Socioeducativas de la Universidad de A Coruña, de 2016 a 2019.

Esta entrevista se publica en dos partes. Esta primera está dedicada íntegramente a la situación financiera del Consorcio para la Promoción de la Música y las consecuencias de esta sobre sus proyectos; en la segunda, Jesús Celemín responde a distintos asuntos de su competencia como concejal de Educación y Cultura.

Jesús J. Celemín


Pregunta.- Dice Vd. que quiere promocionar el Consorcio para la difusión de la Música (CPM) -único en España por extensión y profundidad de sus proyectos-  en la ciudad, provincia, comunidad, España y Europa. ¿Cómo se logra eso?

Respuesta.- Trabajando mucho.  El proyecto inicial era la creación de la Orquesta Sinfónica de Galicia; luego, el maestro Víctor Pablo tuvo una visión genial, que fue el abarcar todos los ámbitos de edad, creando el Coro de la OSG, la Orquesta Joven, ahora tenemos dos orquestas de niños de 6 a 18 años, el Coro Joven y el Coro de Niños [los Niños Cantores de la OSG, que al comentarle al concejal que siempre hay más niñas que niños conviene en que habría que plantearse un cambio de nombre como Coro Infantil de la OSG, por ejemplo]. Y esa música que se hace, que se ensaya, que se trabaja, también tiene que salir fuera. También tenemos que mover las agrupaciones de los niños, las de los jóvenes, y eso solo se hace con financiación.

P.- Estas actividades, que incluyen Son Futuro y el Proyecto ReSuena totalizan un gran número de personas, claro.

Proyecto ReSuena


R.- Sí, todo eso dio una masa social de niños que van al Conservatorio u otros que marchan fuera. Luego se abarca también las becas de excelencia musical [que financia el Consorcio] para aquellos que salen a estudiar fuera de la Comunidad, que es también una parte importantísima de las actividades del Consorcio: ayudar a nuestros alumnos y alumnas. En esto, yo quiero cambiar porque se paga la matrícula pero en Alemania y otros destinos las matrículas no son excesivamente caras y lo que más cuesta es la estancia y el mantenimiento. Por eso pienso hacer una modificación de esas ayudas y también quiero ampliarlas a toda Galicia.

P.- Ha declarado en algún medio que en la anterior legislatura la comunicación entre Xunta y Concello no parecía buena. ¿En qué situación se encuentran estas relaciones con el cambio de Gobierno municipal, han mejorado tanto como para recuperar la deuda acumulada?

R.- A mí me gustaría pensar que la Xunta –y Feijoo en este caso- es un hombre sensible a la música y a este proyecto; y tendría que mostrarse generoso y establecer otra vez esa fluidez, pero no acabo de percibirlo. Sí que he hablado con algún representante de la Xunta pero no acabo de ver dar ese paso hacia adelante con claridad. Me decían que iría subiendo a partir de este año la aportación pero que no llegaría a los tres millones de momento [lo que se refleja en la aportación anunciada en el proyecto de presupuestos de la Xunta de Galicia: 2.696.867 euros].


Parlamento de Galicia, hemicilo


P.-¿Esto se podrá arreglar con la tramitación de los presupuestos en el Parlamento Galego?

R.- Ojalá en estos meses reflexionen y digan “este es un proyecto que hay que apostar por él y hay que sacarlo adelante”. Y que además es un compromiso que ellos formaron por escrito, que no es algo que se está reclamando a mayores. A la Diputación, que da 1.500.000 euros,  siempre intentas decir “hombre, un poco más”. Pero ellos cumplen; y eso que, por petición propia, no están dentro del Consorcio porque su última política es que están saliendo de todos los patronatos. En cualquier caso, tienen la puerta abierta: que al fin y al cabo hacen una aportación importante.


Diputación Provincial Da Coruña


P.- El Consorcio puede verse obligado a reducir actividades si no se soluciona la situación económica. ¿Cuáles y en qué orden se verían afectadas?

R.- El problema es por qué te decides. Es evidente que la orquesta debe prevalecer por encima de todo, porque es una de las mejores orquestas de Europa y no podemos prescindir de ella. Entonces, las otras agrupaciones lo que reducen es en actividades; mantienes la agrupación pero, lógicamente, no pueden desarrollar su actividad con todo su potencial. A mí no me gustaría que ninguno de los grupos desapareciera. Pero, claro, estamos haciendo encaje de bolillos.

Yo no quiero renunciar a ninguna de las agrupaciones y quiero que la Xunta se dé cuenta de que está cometiendo un error tremendo. Son proyectos de integración, son proyectos de igualdad, son proyectos sociales, proyectos en los que estás haciendo sociedad, educas a los niños, estás haciendo que el ocio sea una forma de transmitir conocimientos. Entonces ¿cómo se niegan a esto? Para mí es algo incomprensible.

P.- ¿No puede ser porque esas actividades ayudan a formar futuros ciudadanos con criterio, es decir con capacidad de crítica?

R.- Pues puede ser porque los músicos son personas formadas, con criterio propio. Pero eso es bueno, no es malo. Hay que entenderlo así.

P.-¿Y la Xunta lo entiende así?

R.- Pues si no lo entiende, mal vamos. Hombre, ahora tocan unas elecciones autonómicas y aquí hay un tejido social en el que todo el mundo va a saber que la Xunta no está apoyando este proyecto  y al final la ciudadanía emite un voto y una confianza. Si Feijoo no confía en este proyecto, pues a lo mejor tiene una repercusión a nivel de elecciones; porque son muchas familias las que van a saber que no lo apoya.


Xunta de Galicia, edificios de San Caetanon Santiago

P.- La Xunta acumula desde 2011 una deuda con el Consorcio para la Promoción de la Música de 5.199.266. El Convenio entre la Xunta de Galicia y el Concello de A Coruña de 28 de diciembre de 2004, firmado por el presidente Manuel Fraga Iribarne y el alcalde Francisco Vázquez, especifica (cláusula tercera, párrafos 2º y 4º) que la Xunta de Galicia se compromete a aportar al CPM en 2005 una cantidad de 3 millones de euros y, literalmente, que “a contía a transferir en cada ano non será inferior á que se establece para o exercicio 2005”. ¿Cómo se ha llegado a esta situación?

R.- A partir del 2011 empezó a haber una minoración y un incumplimiento del Convenio. Llegaron a pagar tres millones seiscientos mil euros pero ahora están pagando [poco más de] dos millones seiscientos mil. Y eso afecta también a las salidas que hace la orquesta; si tiene que ir a Vigo, no puede hacer siete conciertos y tiene que hacer la mitad.

P.- ¿Cuáles serán en este caso las consecuencias sobre las actividades de los grupos que comprende el Consorcio?

R.- Hay que tener en cuenta que en 2019 ya hemos cancelado uno de los tres encuentros de la Orquesta Joven y ya no queda consignación presupuestaria para el Coro (en breve llegarán reparos por falta de crédito por el proyecto la Sinfonía de los Salmos), por lo que en 2020 -técnicamente y en el mejor de los casos- sólo podríamos hacer un encuentro de la Orquesta Joven, el de enero y dos meses de actividad del Coro. Si además perdemos definitivamente Naturgy [el pago por la empresa energética por su tradicional concierto de Navidad] y los otros dos patrocinadores que están pendientes, en 2020 no se podría presupuestar ni Coro ni Orquesta Joven para no incurrir en déficit al final de año.


Coro de la OSG

P.- La anterior temporada volvió la colaboración OSG/RFG. Ambas son muy bien recibidas en la otra ciudad, pero la coincidencia de fechas lo dificulta. Parece que se programara más en competencia que en colaboración. ¿Pueden hacer algo al respecto las instituciones?

R.- Más bien individualismo que competencia. Se podría hacer algo, lo que pasa es que es difícil porque los conciertos tienen éxito los viernes y los sábados. Es cierto que aquí en A Coruña el público suele responder muy bien a todo tipo de conciertos pero a lo mejor en otras ciudades no tienen esa respuesta tan grande de público. Habría que sentarse entre gerentes, también los responsables políticos. Sí, yo creo que es una buena idea. A mí me gustaría que la orquesta se moviera por todas las comarcas con más facilidad; pero hay que tener los espacios, porque es una orquesta grande.

P.- A propósito de espacios, parece que al fin se pone en marcha el Auditorio de Lugo.

R.- Pues es una buena noticia, habrá que estrenarlo con nuestra orquesta ¿no? Pero claro, todo ese movimiento de gente y de conciertos, lógicamente se hace con dinero. Y volvemos a decir lo mismo: si se estrangula financieramente al Consorcio, la orquesta, lógicamente, no se puede mover con la facilidad que quisiéramos.

P.- ¿Qué otros planes tiene respecto de la orquesta?

R.- Algo que estamos haciendo ahora es un convenio con el Conservatorio Superior de Música para que los músicos de la orquesta puedan dar alguna “master class”. Hasta ahora no había mucha relación con los conservatorios pero estamos estableciendo puentes con ellos para que el Palacio de la Ópera no sea un algo elitista y apartado sino que entre dentro de todo el tejido musical de la ciudad, que lo puede hacer perfectamente. Y a través de eso, con conciertos de cámara, alumnos que en algún momento puedan entrar en nuestras agrupaciones o profesores de la orquesta que puedan dar clases allí, establecer más lazos, que eso siempre es importante.


Conservatorio Superior de Música de A Coruña


P.- Lo ve factible, con ese corporativismo funcionarial que se les achaca a los conservatorios?

R.- Yo pienso que sí, porque aunque sean funcionarios [como el propio concejal] son músicos. De los conservatorios, a mí me llama mucho la atención cómo aquí los conservatorios cierran en vacaciones y tienen un horario muy pequeño. Yo comparo a veces con conservatorios como el de Salamanca, que tiene tres turnos y la gente puede estudiar por la mañana, por la tarde e incluso por la noche. Y hasta los fines de semana, incluso el domingo por la mañana. Es cuestión de ir  cambiando la mentalidad, que un músico no puede dejar de tocar en vacaciones y sobre todo estoy pensando en instrumentos de viento, como la trompeta o la tuba, que por su sonoridad necesitas un lugar fuera de casa y eso no lo están propiciando los conservatorios.

Fin de la primeara parte de la entrevista. Líneas Adicionales publicará próximamente la segunda y última.